Almafuerte – Piedra Libre (2001)

almafuertepiedralibre

Cuando Piedra Libre se editó, en mayo de 2001, la crítica lo ignoró por completo, al focalizarse en la frase de una canción, lo cual impidió una apreciación más estética y global.

En la carrera de Almafuerte, Piedra Libre es el último disco de la agrupación como trío -y el primero con el baterista Bin Valencia- previo al éxodo tierra adentro de Ricardo Iorio, el cual profundizaría los temas bucólicos y rurales que ya se venían desprendiendo de su lírica, dejaría la dirección compositiva a la completa supervisión de Claudio Marciello -lo que implicaría una ampliación melódica y armónica en la sonoridad del grupo, circunscripta hasta entonces en el trash metal y/o heavy metal– y constituiría al grupo como cuarteto con la incorporación de Beto Cerioti en bajo-.

También Piedra Libre es un documento o una pintura de la Argentina de principios de siglo XXI, inmersa en un turbulento proceso simultáneo de precarización social e innovación tecnológica, al ritmo de la emergente Cumbia villera-que generaba polémica en los medios de comunicación y le disputaba el espacio de resistencia e identidad al Rock con su nuevo ethos-, y ante la ‘realidad programada’ de los Reality shows como Gran Hermano.

‘Yo describo el presente inmediato. El arte es eso y de esa manera se coopera a una lectura futura de los acontecimientos de una época’ declaraba Iorio[1]. Este ejercicio retrospectivo, a más de dieciséis de su edición, intenta comprender a Piedra Libre como una lectura de su época, lectura en la que las visiones de un colapso económico y sociocultural -las cuales, vistas a la distancia, pueden asociarse con lo que ocurriría en las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001- son atravesadas por un blandir de símbolos y retóricas nacionales, religiosas y federales.

 

 

***

 

Algo así como el advenimiento de un diluvio se escucha previo a los acordes iniciales de Las aguas turbias suben está vez, canción que remite a las inundaciones que padece el área metropolitana por negligencia política, pero también presenta una idea crepuscular, dejando entrever que ‘…el final se hará evidente (…) que la antigua predicción esté cumpliéndose…’

En el paisaje escatológico que exhibe Piedra Libre, los despojos de la sociedad en las postrimerías de la Convertibilidad se reparten entre la ‘legal crucifixión’ que supone el encierro en Open Door, entre los ‘pares del asentamiento’, entre los ‘muchachos calavera’, los que ‘no tienen rancho’, sometidos a ‘la tele y su crimen breve’, a ‘la ficción’, al ‘control satelital’ de ‘los dueños del sueño’, de los ‘mentidores’.

Cierta desolación se percibe en las súplicas: ‘¿¡Tengo un amigo!? ¿¡Tengo un amigo!?’ o en la reflexión de ‘que nadie me espera’, quizá por eso Sé vos, en su secuela, se vuelve triste y autorreferencial.

Piedra Libre es también el último disco urbano de Almafuerte, o al menos, en contener esas viñetas. Sus líricas captan paisajes de la urbe, una urbe colapsada, vaciada y marginal: ‘en predios ganados al Estado, donde la milicada siempre viene a darnos palos’ o en ‘tinglados grises’ saturados de evacuados.

 

 

***

 

A esta asfixia urbana se opone como redención o liberación el andar incansable y federal que supone ser conocedor de cada pueblo en la inmensidad y tener un amigo allí. Esta antítesis no es la primera vez que aparece en la obra de Almafuerte y/o Iorio -se percibe también en discos como Del entorno y A fondo blanco, quizá Ácido argentino sea su muestra inaugural- pero si la última en la que se presenta con un alto grado de tensión.

Ese andar también posee un anhelo religioso, es decir, anhelo de re-ligar, de re-unir: ‘acompañame no te lo pierdas no (…) mil amigos más lo festejarán’. Iorio esgrime los mismos imaginarios que lo asisten desde sus líricas en Hermética: ‘Orgullo argentino’, ‘Patria, bandera y sentir nacional’, los enredos en ‘las rutas argentinas’.

Evoca los nombres de Juan Perón, Don Nicanor Cortes, José Larralde y, de forma tácita, Seineldín, como un ‘guerrero nacional que hoy tienen preso’.

Sobre esta evocación tácita se centró la crítica por entonces para anular estéticamente al disco: ‘Piedra libre no será comentado como una obra artística en Rolling Stone, de acuerdo con una decisión de esta redacción. No es posible hablar de las guitarras de Claudio Marciello, la voz de Iorio o del nuevo baterista, Bin Valencia, cuando Piedra libre defiende a un torturador y ofende a una comunidad. Es decir, nos ofende a todos.’[2] 

‘Es inédito que desde el rock alguien apoye a un militar’ le decía José Bellas a Iorio[3]. La anulación estética sostenida en un posicionamiento político abre el conocido debate entorno a la relación entre arte y política, o más específicamente entre rock y política, o cómo son usufructuados y qué efecto tienen los íconos políticos o históricos en una obra artística.

Iorio sostuvo en varias ocasiones la máxima de Goethe: el artista no debe descender a la arena política.

Retomando nuestra exposición, incluso esta antítesis a la que nos referimos puede verse en la ilustración interna del disco a cargo de Bin Valencia, la cual muestra al trío retratado como niños ‘cantando piedra libre’ debajo de ‘la tormenta brava’.

 

***

 

En su sonido, Piedra libre presenta los últimos vestigios de trash metal en los ‘machaques’ de Las aguas turbias suben esta vez, Amanecer en Open Door, De un mañana bajo tierra, Regresando, amalgamado con armonías que exceden a las quintas y cuartas que caracteriza al género.

Las canciones poseen varias y marcadas modulaciones -cambios de tonalidad- especialmente en los solos, algo que Marciello llama ‘paisajes’. Esta sonoridad se fue acentuando cada vez más desde Del entorno, cuando Marciello comienza su actividad compositiva en el grupo.

También se aprecian los contrapuntos de guitarras en Orgullo argentino, Allí en San Juan, Sirva otra vuelta pulpero y Cumpliendo mi destino, haciendo al sonido cargado. Por ser yo muestra la hibridez acústico/eléctrica que Marciello venía desarrollando desde A fondo blanco.

Todo bajo la supervisión de Ricardo Mollo, quien venía produciendo artísticamente al grupo desde su disco homónimo.

El epílogo es la milonga Para todos mis compañeros, que más que contrastar con los brotes genéricos de trash, se funde para constituir -junto con las líricas, claro- de forma más precisa lo que Iorio viene denominando Metal pesado argentino.

Para todos mis compañeros es la primera milonga instrumental que toca el ‘tano solo’ con la guitarra criolla -sus anteriores incursiones instrumentales son Ceibo, tocado en formato banda, y Motivo ciudadano, tocada a dúo con Lito Vitale-. La pieza arranca en ‘la mayor’ para luego cambiar a modalidad menor y desembocar en la tonalidad de ‘mi mayor’, culminando con un acorde abierto en primera posición.

En la resonancia de ese acorde final se escucha el crepitar de unas maderas, un sonido que nos puede invitar a imaginar un fogón, circundado quizá por todos los compañeros que resisten el diluvio.

[1]Bellas, José (10 de agosto de 2001). Fascista? Antisemita? Nazionalista? Suplemento Sí de Clarín.

[2]Redacción Rolling Stone (1 de junio de 2001). Acido argentino. Rolling Stone.

[3]Bellas, José (10 de agosto de 2001). Fascista? Antisemita? Nazionalista? Suplemento Sí de Clarín.

El Führer del Reggaeton

Anuncios

Rotten Apples: nuevo disco y gira federal*

a1086576404_10
Portada Nómade de un Viejo Mundo

Rotten Apples es un trío de rock experimental que dio sus primeros pasos allá por el año 2006 en la ciudad de Berazategui. La banda está integrada por Lorena Benavidez (bajo), Javier De Candia (Guitarra) y Juan Torrico (Batería). En sus temas se pueden percibir influencias que van desde el rock prog de los setentas, pasando por el stoner y la psicodelia, con arreglos y efectos que generan muy buenas atmósferas en sus composiciones. “No nos gusta encerrarnos en un solo estilo, nos gusta la variedad sonora”, afirma Lorena, a propósito de lo anteriormente mencionado, en una entrevista realizada el pasado lunes para esta edición de CPB Noticias. Su álbum debut llega en 2014 de la mano de Viajero Inmóvil Records y SALe! Producciones y se titula Orbe. En 2016 lanzan su primer DVD que registra el show realizado por los festejos de su décimo aniversario en Casa Cultural Rincón.

Este año tiene a los Rotten Apples con nuevo disco y gira federal. Nómade de un Viejo Mundo es el nombre de su reciente segunda producción. El álbum fue grabado en los estudios El Pie en noviembre del año pasado, completamente en vivo y en una sola jornada de trabajo: “al poder grabarlo en vivo pudimos plasmar todo lo que teníamos en mente y lo que sentíamos”, cuenta la bajista fundadora de la banda al hablar del proceso de grabación del nuevo disco que, a diferencia de su antecesor, “fue más fácil y más relajado”. Siguiendo la línea de la ‘vieja escuela’, Nómade de un Viejo Mundo tiene un concepto que atraviesa toda la obra: “Nómade es como un viaje al pasado, nos invita a una aventura; a un mundo en ruinas… nos imaginamos un mundo sin alambrados y sin fronteras, aquél nómade puede ser interpretado por un indio y tiene mucho que ver con la ‘conquista del desierto’ en nuestro país”.

Actualmente se encuentran presentando el disco en la Gira Federal que comenzó en septiembre en Tucumán, que continúa este sábado 11/11 en el Espacio Cultural La Siembra (calle 6 nº 1482 e/62 y 63, La Plata) y que tiene como próximos destinos Bahía Blanca, Mar del Plata, Montevideo y Neuquén, entre otros puntos de estas latitudes.

Para enterarse de sus novedades pueden seguirlos en su fan page y para escuchar su material lo pueden hacer desde rotten-apples.bandcamp.com y en su canal de Youtube.

Claudio Couffignal

*Nota publicada originalmente en el semanario nº 49 de CPB Noticias – 9/11/17

Aldo Pinelli: más de tres décadas junto a la música progresiva

15965803_232283303892124_6429601379756649388_n

Aldo Pinelli es un músico y compositor con una extensa trayectoria de la localidad de Adrogué, provincia de Buenos Aires. Hacia 1980, cuando estaba en el colegio secundario, funda Hábitat, su banda de rock progresivo por excelencia. En una primera etapa tocan hasta 1987, realizando un puñado de presentaciones ya que, según cuenta el propio Pinelli en una entrevista realizada en La Escafandra el pasado 19 de agosto, “eran tiempos donde el pop estaba reinando mucho y sólo se conseguía tocar en algún pub y grabar un demo”. A raíz de esto, a principios de 1990, comienza a pensar en su proyecto solista: “empecé a dar unos tímidos primeros conciertos; a mostrar mi música con una formación de guitarra laúd, colchón de cuerdas y flauta… eran temas hechos de viejas partituras que tenía y que no eran para tocar en formato de banda de rock progresivo”. Para mediados de la década de 1990 vuelve Hábitat y, en 1997, lanzan Historias Olvidadas, su álbum debut. Desde ese entonces comienzan una constante carrera que los lleva a editar Baúl Repleto de Sugerencias (2001), Puente (2006), Tratando de Respirar en la Furia (2010) y Utensilios y Artilugios (2014), el último trabajo de la banda hasta el momento.

Paralelamente Aldo Pinelli sigue con su trayectoria en solitario. En este formato lleva editados seis trabajos discográficos. Buena parte de su material es coproducido junto al sello italiano Lizard Records, que también se encarga de la distribución en Europa y Japón. Hasta el momento su última producción es Invernalia de 2015, un álbum que a priori no se sabe bien quién toca ni tampoco si es el nombre del disco o el disco de una banda ya que, según confiesa el cantante, bajista y guitarrista, “había editado varios discos un poco seguidos, es decir, cercanos en el tiempo, entonces vi que tenía que sacar un poco mi nombre de las tapas; vi que era el momento de armar, en el imaginario, una banda nueva”.

Aldo Pinelli se estará presentando el 21/10, en el marco de una residencia artística, en el Kokomai Festival de Nueva Zelanda, el 11/11 con Hábitat en Espacio de Debate y Cultura La Casa (Collet 1021, Claypole) y, como solista, el 25/11 en la Plaza Vicente Re de Claypole, en la jornada de radio abierta que organiza el equipo de Radiohec. Pueden escuchar su material a través de la web en www.aldopinelli.com y en www.habitatmusica.com.

Claudio Couffignal

Un tango más en la ciudad…

15203241_1252221961536893_7140566910234714217_n

La Pecera es para Dyonisios lo que en algún momento el Tinto Bar fue para los Estelares. La analogía no es azarosa. Como si estuvieran jugando “de local”, el ahora quinteto dejó en claro sobre las tablas del pub de Calchaquí y Paraguay qué significa trabajar en pos de la canción. La llegada de un nuevo integrante en las seis cuerdas le da más solidez a la base que se proyecta, con mucho groove, desde las sincronizadas líneas de bajo y batería (un “relojito” según la jerga “especializada”). Más aún, las declaraciones de Pipo, cantante y guitarrista de la banda, hace unas semanas atrás en un encuentro casual en el mismo bar, dan sustento a la afirmación: “no me siento un guitarrista, por eso incorporamos a alguien más que, junto a Gastón, se haga cargo de las guitarras y yo me preocupo más de la voz”. Hasta los pasajes donde se permiten cierta improvisación se encuentran previamente planificados. Cada integrante cumple una función; ninguno quiere destacar por sobre el resto… todos y cada uno por y para la canción. En definitiva, me atrevería a decir -no sin cierto desacierto- que esas son las características esenciales para toda agrupación que intente definirse como “banda de rock”.

Mil canciones”, “Telas” y “Parco karma” junto a un estreno, algunos covers y otros ya clásicos de su repertorio, allanaron el camino para que Dyonisios despliegue todo su potencial y se luzca ante las decenas de espectadores que, a pesar de las bajas temperaturas, nos acercamos a La Pecera Bar el pasado domingo.

Al costado izquierdo de la banda (derecho para nosotros), el encargado de una tarea fundamental y uno de los principales responsables de que esté redactando estas líneas: el sonidista. Sentado frente a la consola, pucho en mano, con un look muy a la new-wave y a lo Tom Petty (debo confesar que dije entre mí “cómo no va a sonar bien si tenemos a uno de los principales exponentes del postpunk en el sonido”), ajustando las teclas y desplazándose de un lado a otro para chekear que todo esté ok, llevó adelante su labor de manera impecable y, con gran humildad, tras el saludo y las felicitaciones soltó : “son ellos los que suenan bien, nada más… es todo de ellos, Dyonisios es una re banda”.

Si hay algo que quisiera destacar antes del final es que Dyonisios aún no tiene material oficial grabado. Por consiguiente, además de darle cierta magia y tinte especial a la cuestión (por la expectativa que genera la llegada de su EP), ir a sus shows es una de las pocas oportunidades para disfrutar de sus canciones… de esas melodías, coros y estribillos que poco a poco se van convirtiendo en una especie de presagio nocturno para aquellas almas sensibles que, arrojadas sobre el devenir de la vida cotidiana y refugiadas en alguna que otra copa, vagan por la noche al encuentro de esas luces que alumbren otra realidad.

Claudio Couffignal

Ciclo Alma Progresiva

18893193_447521665625019_7723484479968886574_n

El pasado sábado 8 de julio se llevó adelante el Ciclo Alma Progresiva en el Espacio de Debate y Cultura La Casa de Claypole. El mismo fue organizado por la gente de La Escafandra Radio y Felipe Surkan del sello Viajero Inmóvil Records. El ciclo tuvo, como anunciaba desde su título, a la música progresiva argentina como principal protagonista.

Aproximadamente a las 15:30 se dio comienzo al evento. El principio estuvo a cargo del escritor Daniel González Oronó y la presentación de su libro “Spinetta: anhelo de una lírica una exploración  temática”.  El también docente de la EMBA (Quilmes), al subirse al escenario lo primero que hizo fue agradecer y felicitar a la gente del lugar, no solamente por el trato, sino por tener un espacio cultural independiente de esas características en la zona. Oronó presentó en líneas generales su libro dedicado a la letrística de Spinetta, el cual para la edición contó con el apoyo del  Instituto Nacional de la Música (INAMU).  Para el autor está bien que a Spinetta se lo considere el poeta del rock,” ya que el rock en general es bastante flojo a nivel letrística… Spinetta se corre de ese eje y maneja una tensión de ambigüedades en todo su lenguaje que permite interpretaciones que me llevaron a hacer el libro que yo no tenía en la biblioteca”.  La obra la comenzó a gestar hace tiempo atrás, cuando tenía unos 15 años y escuchó por primera vez “Durazno Sangrando” (1975) de Invisible: “ahí visualicé que había ciertas obsesiones y ocurrencias en el lenguaje de Spinetta”. En su exposición Oronó explicó, entre otras cuestiones, cómo fue la producción del libro: “agarré las obsesiones que vislumbré desde los 15 años en el flaco y lo desarrollé como campo semántico cerrado. Por ejemplo agarré el tema de la luz, que es el más obvio en Spinetta, y vi todo lo que giraba alrededor de la luz… tomando las palabras tal cual: luz, brillo, reflejo… todo aquello que era el campo semántico y desarrollé un capítulo viendo como esos significados funcionaban y dije ‘voy por más’,  y tomé el motivo del agua y agarré la gota, el rocío, la ola, la lluvia, el mar, el lago y también vi que había un campo semántico que cerraba lógicamente y eso también lo hice con el aire”.

Tras el cierre de la presentación del libro fue el momento del “intermedio” y la música en vivo: el set acústico de Aldo Pinelli. El cantante, guitarrista y bajista de Hábitat e Invernalia, entre otros proyectos, nos deleitó con unas muy bien hechas versiones de del flaco y otros temas de su propia autoría al promediar el ciclo en la fría y lluviosa tarde claypolense. Acto seguido llegó el turno de Felipe Surkan y su charla sobre música progresiva argentina y su actualidad. El Viajero expuso, de manera muy clara y en un formato de estilo radial, la historia de la música progresiva de estos lares desde los inicios a mediados de los ’60 hasta las tendencias más actuales bien entrado el siglo XXI. La charla tuvo su correspondiente musicalización, la cual ilustraba cada uno de los tópicos que Surkan desarrollaba, junto a la proyección de un mapa conceptual que hacía un recorrido cronológico de la historia de la música progresiva y sus diferentes “ramas”.  Para Felipe fue una experiencia única ya que era la primera vez que preparaba una exposición de tal magnitud.

Cerca del final, Aldo Pinelli se despachó con otro set acústico y los participantes pudieron disfrutar y visitar, mientras tomaban café e intercambiaban historias de rock al sur, la feria de discos y libros armada en la galería del teatro.

Claudio Couffignal

Dyonisios

YDRAY-DSC_9509.jpg
PH: Pablo Villares

Dyonisios es una banda integrada por músicos de San Francisco Solano y Florencio Varela. En las filas de la actual formación, con la que vienen tocando hace un año, se encuentran Pipo Sco en voz y guitarra, Leo Flores en bajo, Hernán Fernández en batería y Gastón Rivarola en primera guitarra. Se conocieron en la sala de ensayo, “los cuatro frecuentábamos la misma sala, de ir y venir por distintas bandas quedó esta formación”, le cuenta Pipo a la gente de Atrapando Espacios, en una entrevista realizada después de su última presentación hace dos sábados atrás en Don Pedro Rock. En otra entrevista, realizada en Metamorfosis el pasado 24 de junio, al hablar de sus influencias comentan que se identifican con “el rock clásico, nuestras canciones básicamente recorren esos lugares… no vas a encontrar nada ‘raro’”. En el vivo la banda suena ajustada, producto del ensayo, esfuerzo, trabajo y dedicación que hay detrás: “antes de ir a la sala hacemos un pre-ensayo; nos juntamos en un ‘cuartucho’ a tirar ideas donde cada uno aporta su visión, cuando vamos a la sala ya tenemos el concepto de cada tema; vamos sabiendo que es lo que queremos”. En esas juntadas nacen las composiciones desde lo acústico proyectadas al formato eléctrico: “agarramos una guitarra, tiramos un juego de acordes, letra y después le vamos agregando arreglos”. Para antes de fin de año tienen pensando sacar su primer material, un EP de cinco temas “bien hechos, que valga la pena como carta de presentación. Uno no sabe hasta dónde puede llegar con esto, y si el día de mañana no existe más, por lo menos que nos quede el orgullo de decir ‘che, grabamos esto… valió la pena’”. Las melodías, los arreglos y estribillos de sus composiciones hacen que las canciones sean de esas que se corean a primer escucha; de esas que podrían ser tranquilamente un “hit” radial.

Si bien sus temas no circulan aún por las plataformas virtuales, solamente debemos esperar que los demonios salgan a la carga por una noche más para disfrutar de sus canciones; para dar cuenta que desde el under siguen surgiendo propuestas interesantes a las cuales debemos prestarle oído y dar difusión, de lo contrario…¿para qué estamos si no es para amplificar esas voces subterráneas que con gran esfuerzo y a pesar de las dificultades siguen adelante, tocando y expresándose a través de su música?. Ya sea mediante un programa de radio, la prensa gráfica, las redes sociales o cualquier otro medio el apoyo a las bandas que vienen desde abajo es fundamental si queremos escribir una página más en la historia del  rock argentino.

Claudio Couffignal

Historias de rock al sur: Dum-Dum

Dum-Dum fue un baile de rock de Villa La Florida que abrió sus puertas hacia fines de 1969. Ubicado en la esquina de la Av. 844 y la 880 (frente a los Bomberos), por su escenario pasaron los principales exponentes del rock argentino, bandas locales e incluso artistas internacionales. Para reconstruir –o construir- su historia hablamos con Hugo “chino” Morales, vecino de Villa La Florida y protagonista de aquellas noches que ponen de manifiesto que el rock nacional también se desarrolló en los suburbios del sur del conurbano y no solamente en La Cueva, La Perla, Rosario o La Plata.

Al comenzar la entrevista “el chino” describe el lugar en su aspecto físico: la entrada era común; un muralcito simple, la boletería y el tipo que estaba ahí cuidando (que le decían ‘el rengo’). Por la 880 entraban los músicos, por  una puertita ‘caracha’, y por la 844 entrábamos nosotros, o sea el público. El baño estaba en el fondo, la barra al costado y la pista en el medio, un subsuelo a 80 cm del piso. Sobre la 880 estaba el escenario, que era chico y tendría un metro de altura, y arriba la cabina del disc jockey. Entrarían unas 150 personas.

En la inauguración, en diciembre del 69, tocaron Los Gatos. Desde ese entonces y hasta 1975 -año en que cierra sus puertas- se presentaron Pescado Rabioso, Aquelarre, Pappo’s Blues, La Pesada y Orion’s Beethoven entre otros. A propósito de los artistas internacionales, el entrevistado recuerda que en 1971 o 1972  se presentó Jimmy Cliff: “tocó acompañado por Starc (Aquelarre) en guitarra y el tecladista de Los In. Me acuerdo que hizo un tema que él había sacado en ese momento, ‘Mundo salvaje’ de Cat Stevens y una versión increíble de ‘Cuando un hombre ama a una mujer”. Otras de las visitas extranjeras fue la de The Presidents: “eran unos negros que tocaban soul con saxos, no sé de donde vinieron pero era una banda muy buena… sonaron de diez”. Siguiendo con las presentaciones en vivo Hugo Morales nos cuenta que por Dum-Dum pasó “una banda ‘comercial’ que se llamaba Mantra, que el baterista después se fue a tocar con Tarragó Ros, ¡pero el tipo hizo un set!…me acuerdo que tocó ‘Ojos del diablo’ de Deep Purple, sonaron una barbaridad… después hacían los temas comerciales de ellos viste. También tocaron bandas del underground de acá como La Nueva Ley, Espina, Luz Roja y el Trío Reevolución”.

Para los jóvenes de aquél entonces ir a Dum-Dum significaba mucho más que ir a ver a una banda: “nos sentíamos libres; estábamos bien porque estábamos con nuestros ‘cofrades’. Pero cuando salías de ahí era otro mundo; era una represión total”.

Es importante recuperar estos testimonios para la reconstrucción histórica de un lugar que no solo representa como se vivían los comienzos del rock nacional al sur del GBA, sino que también expresa cómo nuestros jóvenes de ayer hicieron esta historia que hoy en día, cincuenta años más tarde, se ha vuelto masiva y mainstream, convirtiéndose en objeto de marketing y grandes campañas publicitarias, pero que por aquél entonces tenía un sentido completamente diferente: “cuando ibas a Dum-Dum corrías el riesgo de que cuando salías te agarraba la policía y te llevaba por portación de cara, por la vestimenta o por escuchar esa música ‘distinta’. Era muy jodido ser joven en esa época, no había libertad”. Por eso es relevante que “si ahora escucha –en este caso lee–  alguien que sabe algo que diga…debe haber muchos como yo, que deben saber más y deben tener hasta fotos”.

Audio especial “Dum-Dum” en La Escafandra Radio

Claudio Couffignal

Babas del Diablo

18944817_10213399339166822_1229024427_n

Formados en 2011, los Babas del Diablo son unos de los principales exponentes del rock stoner de la zona sur. La banda está integrada por Luis Acevedo (voz), Martín Fischer (guitarra y voz), Federico Fischer (bajo) y Facundo Guerrero (batería). El álbum debut del cuarteto de Claypole es de 2014 y se titula República de los Vicios (Icarus Music), un disco en el cual se plasmaron sus diferentes influencias ya que “fueron años de trabajo hasta que le fuimos encontrando la onda…vas a encontrar que la música va variando; hay partes punks que de golpe pasan al stoner y después a un rock and roll bien podrido”, según cuenta Martín Fischer en una entrevista realizada en Metamorfosis, programa que se emite los días sábados de 17 a 19 por Radiohec. En 2016 a través del sello South American Sludge editan Ceropositivo, un EP de cuatro temas que “llega en un momento en que era complicado bancar una producción. Apostamos a un concurso que había en la UNLA y llegamos a ganar cierta cantidad de horas en el estudio de la facultad para grabar dos temas, pero nosotros fuimos y grabamos el EP completo de una sola toma”, comenta el también guitarrista de Vientos Locales. Actualmente se encuentran armando temas nuevos para lo que va a ser su segundo LP.

Pueden escuchar su material en babasdeldiablo.bandcamp.com, en su canal de Youtube o bien consiguiendo los discos en formato físico en sus shows. Su próxima presentación es este sábado 10/6 en Casa Rincón (Rincón 1330, CABA) junto a Hombre de Otro Plano y Yama Ancestral.

Claudio Couffignal

Viajero Inmóvil Records: el sello quilmeño de música progresiva.

El sello discográfico especializado en música progresiva Viajero Inmóvil Records dio sus primeros pasos en 1997. Según cuenta Felipe Abel Surkan en la entrevista realizada el pasado viernes 5 de mayo en el café Havanna de Bernal, ese año dejó de salir al aire La Llave Oculta, programa radial que escuchaba y a través del cual “me dí cuenta que había todo un revival de la música progresiva”. Tras este episodio “me quedó un vacío muy grande, entonces decidí, con los pocos compacts que tenía, hacer mí propio programa”, comenta el viajero que lleva casi dos décadas editando y distribuyendo discos. Es así que en octubre de 1998 comienza Viajero Inmóvil en la FM 103.9, los días miércoles a las 22:30 hs. Por aquél entonces “acá en Argentina comenzaban a resurgir bandas progresivas. Había aparecido Supernova, Tanger, Nexus, Chaneton y Elixir de Pasión entre otras”. Desde el programa de radio se organizó el Quilmes Prog Festival. Realizado el domingo 1º de agosto de 1999 en Coyote, un boliche ubicado en la rambla del río en la costanera de Quilmes, tocaron esa noche para unas cien personas Baalbek, Ariel Sanchez y Elixir de Pasión. A fines de ese mismo mes surge Viajero Inmóvil Difusión: “yo pedía material al exterior y, en un momento, Gergely Bozormenyi del sello húngaro Periferc Records me dice: ‘che, ¿no hay bandas argentinas?’ yo le digo mirá, está Tanger, salió un pibe nuevo que se llama Sergio Alvarez, está el disco de A-Tirador Láser. Así arranqué, con tres discos. Entonces me dice, ‘mandame diez de estas bandas y te envío otras diez’ ”. Intercambiando material con sellos afines de diferentes puntos del globo, Felipe se fue haciendo de una buena colección y comenzó a vender y hacer circular los discos entre sus oyentes. En el 2000 el Quilmes Prog Festival tiene su segunda edición, realizada nuevamente en Coyote. En esta oportunidad se presentaron Supernova, Tanger y Hugo Fernández de La Plata. En 2001, Felipe comienza a editar discos. De esta manera, Viajero Inmóvil se convierte en sello discográfico y adopta su nombre definitivo: Viajero Inmóvil Records.

Entrada Quilmes Prog Festival

El programa de radio estuvo hasta marzo de 2001 en la FM 103.9, donde se emitieron 77 episodios. Hace aproximadamente unos cuatro años atrás, Viajero Inmóvil vuelve al aire para hacer otros treinta programas más a través de la señal digital El Retorno del Gigante, los días martes a las 20:00 hs. En esta última emisora siguieron repitiendo el programa aún cuando este ya no salía en vivo. Para su conductor “esto es interesante, no porque el programa haya sido bueno, sino para ver qué sucedía, qué iba apareciendo en ese momento”.

El sello se dedica a la difusión de grupos progresivos independientes de Argentina y Sudamérica. Por consiguiente, Felipe tiene una constante relación con las bandas nuevas que van surgiendo. Al referirse a la escena local actual declara: “yo estoy enamorado de todo lo que sucede acá. No tengo tiempo de escuchar lo que sucede en el exterior, casi que ni le presto atención”. Por un lado, esto trae a colación las declaraciones que realizó el periodista chileno acerca del rock argentino el año pasado y la consecuente respuesta de Alfredo Rosso: “¿cómo que no hay nada nuevo? vayan al puesto de Felipe en el Parque Centenario y ahí van encontrar todas las movidas de bandas nuevas, una más exquisita que la otra”. Por otro, llegamos a lo que el propio Felipe define como “la nueva trova melancólica”: aquellos músicos que vienen de una raíz spinetteana, que rompen con el formato canción tradicional y “lo transforman en una composición más larga y compleja, de ese modo, pasa a ser una canción progresiva tanto por los arreglos como por la sonoridad”. Tal es el caso de Juan Ravioli, Florencia Ruiz, Lisandro Aristimuño y Andrés Ruiz por solo nombrar algunos. Al remitirnos al término ‘Progresivo’, suelta una declaración de principios: “para mí no es rock progresivo sino que es música progresiva. Lo entiendo como un concepto más amplio donde entran un montón de ramas. La parte más de rock, el folklore, el tango, el blues, el jazz… todo se va transformando en progresivo a medida que le vayan dando a la composición un tratamiento más complejo; un tratamiento progresivo de la composición. Yo no me quedo con el concepto de progresivo de que eran bandas que iban progresando disco a disco porque hubo bandas que no progresaron en el tiempo, que siempre se quedaron en el mismo estilo y sonido”.

Quilmes Prog Festival 2
Entrada Quilmes Prog Festival

Cerca del final del encuentro, desde los parlantes del lugar comienza a sonar un teclado que se nos hace familiar…“¡no puedo creer lo que están pasando! ¿Esto están pasando?”, exclama y pregunta sorprendido Felipe. “Quinto de Quinto… no lo puedo creer, ¿en la radio?”, continúa el entrevistado. Definitivamente sí, eran los teclados de Tony Banks. Era “Firth of Fifth”, la tercera pieza de Selling England By The Pound (1973), el quinto disco de estudio de Genesis. Particularmente recordé que ese tema lo usaban como cortina en Gigantes Bajo el Sol, otro histórico programa de rock progresivo que escuchábamos con mi viejo los domingos a la mañana por la FM 89.3 Radio Libertador de Lomas de Zamora. Sinceramente no lo podíamos creer, teníamos a uno de los principales exponentes del género en cuestión musicalizándonos la tarde. Le sucedieron algunos clásicos de Phil Collins como solista y otros más de la banda inglesa integrada por Peter Gabriel, Steve Hackett y compañía.

A lo largo de los años el catálogo de Viajero Inmóvil Records fue creciendo. Se fueron sumando títulos exclusivos que van desde músicos y bandas históricas como Litto Nebbia, MIA y Rodolfo Mederos hasta propuestas actuales como Pasajero Luminoso, Defórmica y Nau Aletheia entre otras. Pueden encontrar gran parte del material del sello todos los domingos de 9 a 14 hs. en el puesto nº 43 de la feria de discos de Parque Centenario (CABA). También pueden visitar su web en www.viajeroinmovil.com.

Claudio Couffignal

Un baión para el ojo del Indio Solari.

El siglo XXI es el siglo en el que estamos solos: solos en nuestras salidas nocturnas, solos en el supermercado, solos frente a las pantallas, solos frente al mundo. El siglo XXI es, también, el siglo en el cual la humanidad, en sentido técnico, logró una conectividad sin precedentes.

Parece contradictorio -estamos en el siglo de las soledades y las conexiones- pero no lo es. Más aún, las contradicciones son el sostén de las dinámicas sociales actuales.

Mal que le pese a Carlitos Marx o, para decirlo con mayor precisión, a su séquito acrítico, el capitalismo ha sabido deglutir toda contradicción sin presentar síntoma alguno de desfallecimiento. Se las ingenió no sólo para transformar ciudadanos en consumidores, sino también para transformarlos en auto-publicistas, es decir, en individuos que publicitan su propio consumo (suponiendo que les otorga cierto capital simbólico cuando, en realidad, es como lamberle el culo a alguien después de que te cagó encima). Esto es fácilmente verificable si consultamos las ‘novedades’ que ofrece el grueso de usuarios en Facebook.

El siglo XXI es también el siglo en que el Indio Solari se quedó solo, o mejor dicho, se cortó solo.

El mundo se estremeció en el nuevo siglo cuando un grupo de extremistas religiosos de Oriente Medio estrellaron aviones de American Airlines y United Continental en el corazón del Imperio de las Finanzas. Pero los argentinos y argentinas, o al menos parte de ellos y ellas, tuvimos otra razón para estremecernos -desde ya hablamos de un estremecimiento cualitativamente distinto- antes de las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001, y esa razón fue que Patricio Rey permanecería en silencio ‘al menos por un tiempo’.

No es para menos si tenemos en cuenta que se trataba del silencio de uno de los imaginarios que mejor supo traducir a ritmo y melodía las experiencias de una generación tiznada al calor del individualismo, el consumo, el desempleo, la exclusión, la marginalidad y un largo etcétera que podría dramatizar aún más el panorama.

En ese silencio ensordecedor se quedaron los hombres solos y en el transcurrir del nuevo siglo el Indio Solari mostró su obra solista.

A nivel sonoro sus discos suenan excelentes. Es evidente que se fue perfeccionando esa nueva forma de producción de la canción de rock que comenzó a asomar tímidamente desde Luzbelito y culminó en el apoteósico Momo Sampler.

Pero en el plano semántico, su poesía se tornó más íntima, personal y lírica en el sentido primigenio del término.

No nos engañemos, el Indio Solari también padece la mediatización, esto no solamente inquiere que su figura sea masticada por los medios, sino que su forma de aprehender la realidad está condicionada por las pantallas que lo rodean en su cotidianeidad. Las únicas impresiones -siguiendo a Hume- que el Indio debe tener son las de la Quinta Avenida, el Central Park y algunos pubs y hoteles de Nueva York.

Su régimen interactivo se limita a su familia, a los padres de los compañeros de escuela de su hijo y los tecnócratas que componen su elite de músicos y otros agentes dedicados a cuestiones de índole puramente burocrática. Hace rato ya que no sale corriendo a ver qué escribe en su pared la tribu de su calle.

También ha declarado en diversas entrevistas que su vida no sólo estaba alejada de la bohemia que otrora lo caracterizaba sino también que se encuentra padeciendo los consecuentes dolores de ese vivir que solo costó vida.

Con lo antedicho: ¿Sería justo pedirle que interpele a la[s] generación[es] que adolecieron en los umbrales de los ‘90 y crecieron ya bien entrados los ‘00? ¿Qué podríamos objetarle a un tipo que, junto con otros, ha forjado una de las bestias culturales más indómitas y revulsivas desde la restitución democrática?

Siempre me vi tentado en manifestar que Luzbelito es el último disco de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota y que los dos restantes fueron editados por Los Redondos, es decir, un grupo de personas en donde hubieron relaciones de poder, jerarquías, disputas, etc.

Incluso, la canción que cierra Luzbelito, el narrador establece una distancia generacional con sus oyentes:

Estas cambiando más que yo

Asusta un poco verte así.

En una de las entrevistas ofrecidas en el marco de la edición del mencionado álbum, el Indio afirma que la frase ‘cuanto más alto trepa el monito, así es la vida, el culo más se le ve’ podía ser adjudicada a su persona.

No estamos en condiciones de afirmar en qué medida al Indio se le vio o no demasiado el culo ante sus seguidores, pero ninguno de ellos dudó, independientemente de su postura, sobre la tenencia de la fortuna que la Revista Forbes le adjudicó, hecho que lamentó públicamente el propio Indio.

Inmediatamente después de esa frase el narrador se sincera y advierte:

Yo sé que no puedo darte

Algo más que un par de promesas, ¡no!

Tics de la revolución

Implacable rocanrol

Y un par de sienes ardientes

Que son todo el tesoro

Luego de asumir sus limitaciones y el poco alcance de sus promisiones, el narrador finalmente delega su tarea a los oyentes:

¡Este asunto está ahora y para siempre en tus manos, nene!

Creo que a partir de aquí Los Redondos –tal como empezamos a llamarlos- se subieron a una nave espacial y desde allí corroboraron que en el 2000, tal como lo había anunciado Discépolo, el mundo también es una porquería.

Más tarde, bien entrado el siglo XXI, como ya dijimos, el Indio se corta solo, en este siglo solipsista -plagado de solistas que cantan sus íntimas experiencias, sin poder trascender las barreras de su propia subjetividad-, en este siglo posmoderno -en el que los grandes relatos sucumben ante los pequeños sucesos que escupen Nelson Castro y Orlando Barone casi a diario-, en el siglo de los aparecidos -en el que cada quien muestra hasta qué punto puede ponderar su felicidad cuando los demás lo observan-.

Nadie hubiese imaginado a Patricio Rey dedicándole una canción a su esposa, nadie sabía siquiera si tenía esposa, en dónde residía. Del Indio se sabe todo, casi todos son sus biógrafos. Es que alguien tiene que decirlo: ¡Patricio Rey ha muerto!

Ahora está este pelado sexagenario cantando su pequeño/gran universo, respaldado por un grupo de instrumentistas muchísimo más sofisticados que aquellos que conformaron Los Redondos, y mirando, no sin cierto cinismo y escepticismo, cómo discurre este asunto en nuestras manos.

Atahualpa McCartney